Centenaria, artículo de José Campanario

Si hay una cifra mágica es el 100. Más aún cuando se refiere a la edad de una persona. ¡O de un periódico, como es el caso de La Higuerita!. El único inconveniente es apagar las 100 velitas de la tarta porque es necesario un gran esfuerzo pulmonar. Habrá que ayudar a La Higuerita cuando toque apagar las velas.

La vida de una mujer está repleta de acontecimientos, unos de más grato recuerdo y otros menos gratos pero de los que también se pueden sacar enseñanzas para el futuro. Lo mismo se puede decir de un periódico. Porque un periódico es algo tan vivo que necesita nacer a diario. El mismo día que se publican las noticias en la prensa, ya han caducado y es preciso buscar otras novedades para el día siguiente, para que con el nuevo día, se renueve la vida del periódico, se produzca el milagro del nacimiento diario de la gaceta. 

La Higuerita ha pasado por las etapas propias de cualquier fémina: La candidez de la infancia, una época en la que sus padres (su fundador) protegía a la nueva criatura; porque sin la entrega del padre fundador, no hubiera podido subsistir. Luego vinieron las convulsiones propias de la adolescencia: espinillas, respuestas destempladas y cambios de humor que conviven con la desgana, la curiosidad ante todo lo nuevo y los despropósitos de un cuerpo desgarbado, promesa incomprendida de futuro, que no es aceptado.

La juventud de La Higuerita coincidió con el tinte coqueto propio de esta etapa: la aventura y el ansia por lo desconocido, el atrevimiento ante el riesgo y descubrir una personalidad emergente… ¡y con las capturas de atunes en la almadraba!.

higuerita1Con la madurez llegó la sabiduría, la paciencia y la comprensión de muchas cosas. En esa etapa es cuando descubrí La Higuerita y su entorno físico. Recuerdo la final de la Copa del Mundo de Fútbol en el año 1962. Yo tenía por entonces 8 años y era el segundo año que pasaba el verano en Isla Cristina, en casa de mi tía en la calle Angosta.

El recuerdo de la plazoleta con los cuatro bancos de hierro, la farola en el centro y los dos árboles, uno en cada lateral de la plaza donde nos reuníamos la pandilla de chavales, me refresca la memoria. La magia del televisor en blanco y negro que colgaba al fondo de la taberna de aquella plaza, nos transportaba a Chile para ver cómo aquel futbolista conocido como Pelé, se convertía en el ídolo de los niños de medio mundo.

Y ahora, ya inmersa totalmente en la etapa gloriosa de la senectud, La Higuerita se puede permitir el lujo de mirar desde otra perspectiva los acontecimientos. La clarividencia y la maestría de toda una vida, una larga vida, la autorizan para ser sabia, experta en la ciencia del transcurrir de los sucesos y visicitudes, siempre cambiantes, de la  existencia humana.higuerita2

La Higuerita, con el poso acumulado en sus 100 años, puede impartir másteres sobre ética, moral y comportamiento digno a muchos de los que a diario aparecen como prohombres y “ejemplos”, muchos de ellos a los que no se deben imitar.

Por eso, cuando se apaguen las velas de la tarta de cumpleaños, cantaremos el “¡cumpleaños feliz!”  a nuestra siempre viva y joven prensa: La Higuerita.

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